La llamada

Que lo cambiaría todo.

En el colegio en el que estudié hay una tradición en 11º y es que en el anuario se hace una página de en 20 años que será de cada estudiante, es un espacio que se presta para molestar entre los amigos de la promoción, hacer chistes e imaginarlos escenarios más graciosos en los que podrían desempeñarse laboralmente cada uno. En mi caso, me pusieron que fijo iba a terminar siendo la psicóloga del colegio ¿Y ADIVINEN QUÉ? No solo soy psicóloga enamorada de la educación, sino que efectivamente trabajo en un colegio y hasta me uní al reto de montar AMARAÚN, un proyecto que se fundamenta en LA EDUCACIÓN.

No siempre fue así, para mi fue un reto personal aceptar que aquello que me decían que iba a asociar con fracaso era lo que realmente me hacía feliz y lo que hoy en día me motiva a darlo todo en los proyectos que tengo. Decidí entonces vincularme a diferentes instituciones educativas de todo tipo, trabajar con población vulnerable y soñar con una maestría en educación. Todo marchaba de maravilla, había encontrado mi vocación. Pero como en la vida nada se puede dar por sentado, llegó el 2020 con su pandemia y mis opciones empezaron a limitarse.Dejé de tener contacto con mis estudiantes, mis compañeros de trabajo y asentir mi sueño cada vez más lejano. No voy a mentir, estaba muy triste y desilusionada pues mis proyectos se fueron esfumando con cada alargue de cuarentena.

 

Fue una noche en la que terminaba mi jornada virtual que me llamó Isabella y me dijo que tenía una idea loca. Ella había evaluado nuestros panoramas, gustos, áreas de conocimiento y dijo “quiero hacer un proyecto que se llame AMARAÚN que trabaje por la niñez y adolescencia para eliminar el maltrato infantil”. Así empezó a construirse esa idea que venía dando vueltas por su cabeza y que me enamoró inmediatamente, nos tocó leer mucho sobre cosas que en psicología no enseñan como por ejemplo ser emprendedor, estructurar un negocio, incluso tuvimos que aprender a diseñar y a volver a escribir de manera coloquial.

 

Hoy estamos aquí, un año después de esa llamada, enamoradas del proyecto, trasnochando, madrugando, diseñando, equivocándonos, aprendiendo, haciendo alianzas, capacitando, conociendo y bueno infinidad de cosas que probablemente ninguna delas dos se imaginó que iban a pasar esa noche durante esa llamada. Este año ha sido un año de crecimiento personal, de Amaraún y como socias pues una cosa es ser amigas o estudiar juntas y otra muy diferente es construir todos los días un sueño tan ambicioso y necesario como Amaraún.

 

La pandemia nos trajo muchas dificultades, pero también mil oportunidades que probablemente no estaban en el panorama antes. Definitivamente son las situaciones de estrés las que más creativos nos vuelven. Hoy agradezco infinitamente a Isabella por su llamada, sin ella este viaje no habría iniciado, agradezco la valentía de ambas, pero sobretodo agradezco a cada persona que nos lee, nos sigue, nos impulsa, nos enseña, trabaja con nosotros y ha hecho que esta idea se materialice en algo tan bonito.

 

FELIZ CUMPLEAÑOS AMARAÚN, QUE SIGAMOS MATERIALIZANDO NUESTROS SUEÑOS.

Andrea Merchán Orejarena

Co-fundadora Amaraún

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