La corresponsabilidad como prioridad

Que nuestra responsabilidad por el cuidado del otro, siempre sea una prioridad.

La corresponsabilidad, desde que la leí en el código de infancia y adolescencia de Colombia, se convirtió en mi palabra favorita, a la hora de hablar de los derechos de los niños, niñas y adolescentes. Se entiende como, la concurrencia de actores y acciones conducentes a garantizar el ejercicio de los derechos de los niños, las niñas y los adolescentes. La familia, la sociedad y el Estado son corresponsables en su atención, cuidado y protección. Pero, es una palabra extraña, hay personas que nunca en su vida la han escuchado, y hay otras que de tanto decirla han perdido su sentido. Es una palabra que no tiene puntos medios, y que no debería tenerlos. Pero, realmente, lo que más me gusta de esta palabra es que le aplica a todos los casi 50 millones de colombianos, todos, deberíamos saber lo que significa. Pero más que saber que es, lo importante es que la apliquemos todos los días de nuestra vida, independientemente del escenario en el que nos encontremos. Esto porque creo que estamos en el mundo con un propósito más grande que desarrollarnos personal y profesionalmente, creo que el fin último, de la vida y la existencia humana es CUIDAR AL OTRO, especialmente al que tiene dificultades para hacerlo por si mismo.

Siempre he creído que, cuando un niño, niña o adolescente se acerque a mi en busca de ayuda por maltrato infantil, no solo como profesional, sino como vecina, amiga, conocida, incluso extraña no dudaría ni un segundo en ayudarlo, en buscar la forma correcta y adecuada para hacerlo, siempre pensando en su bienestar. Pero recientemente, me encontré con una duda, que realmente me preocupa, y es... ¿si no todos ejercemos la corresponsabilidad? Qué pasa con aquellos niños, niñas y adolescentes que tienen la fuerza y voluntad para contar a un otro lo que vive en su hogar, y este decide no creerle, o incluso inventar un escenario, más increíble que el que plantea el niño, niña y/o adolescente, con tal de no tener que asumir la responsabilidad de lo que le pasa a este, de las acciones que vienen y de su futuro. Entonces, perdí el sueño, y ¿si son más los que deciden no creer y pensar que es la forma de llamar la atención de un niño, niña y/o adolescente, que los que van buscar las herramientas para ayudarlos? y entonces, si esto es así, estamos peor de lo que creíamos, porque ahora no solo hay que pensar y acabar con las cifras de maltrato infantil que hay en Colombia, sino también las cifras de ciudadanos que no estarían dispuestos a ayudar aquel que lo necesita.

Entonces, imaginándome este escenario, comencé a pensar en la balanza que harán las personas que se encuentran en esta situación, un niño, niña y/o adolescente pidiendo ayuda. Y claro, lo encontré, importa un poco más mantener esas buenas relaciones con la familia, o con los amigos, o en el trabajo, incluso mantener una reputación, ser aquel que no se mete en problemas, o en los problemas de las familias, porque son cosas que se deben solucionar en casa. Pero entonces, encontré una contradicción, TODOS nos indignamos cuando en las noticias vemos los lamentables y desgarradores casos de maltrato infantil, que llegaron a un punto incontrolable, y ahí sí levantamos nuestra voz. Pero, ¿por qué no lo hacemos cuando en nuestra cotidianidad nos buscan por ayuda?, o ¿por qué esos casos ya no son de nuestra incumbencia y se deben solucionar en casa?, ¿por qué no pensamos que este niño, niña o adolescente que me esta buscando ahora puede terminar como el de las noticias? Y entonces, mi pregunta final sería, ¿cómo y qué tiene que pasar para que asumamos la corresponsabilidad, le creamos a los niños, niñas y/o adolescentes, y construyamos con ellos un mejor país?


Finalmente, pensando y pensando, llegue a una conclusión y es que las personas que rodeamos a los niños, niñas y adolescentes, aunque seamos conocidos o extraños, fuimos un lugar seguro para ellos en busca de una solución, lo que nos lleva a los ciudadanos a tener incluso aún más responsabilidad que las líneas del Estado, porque antes de llegar a estas, los niños, niñas y adolescentes recurren a nosotros, para mostrarles el camino. Pero, ¿qué le queremos mostrar nosotros? ¿Qué es más importante mantener la decencia y las relaciones que su vida? Somos el camino para que el Estado, las instituciones, y los profesionales puedan ayudar a los niños, niñas y/o adolescentes que se encuentran en esta situación. Seamos el camino al fin del maltrato infantil, y no el camino a perpetuar y a continuar con el círculo de violencia de los que son víctimas los niños, niñas y adolescentes. Responsabilicémonos de ser adultos, no solo en nuestras cosas personales, si no en el cuidado por el otro, seamos responsables de nuestros actos y decisiones y de los que nos rodean. No dudemos, NUNCA, de ejercer nuestro deber de corresponsabilidad, creo que si todos nos tomamos con responsabilidad este deber, podemos cambiar la vida de muchos niños, niñas adolescentes y de sus familias. Finalmente, la invitación es a que, volvamos las cifras de Colombia de maltrato infantil personales, para que, en el minuto en que nosotros como adultos tengamos el poder de hacer algo por cambiarlas no lo dudemos ni un segundo. 

Recordemos que, pensarnos y construir una niñez y juventud feliz implica que la balanza siempre favorezca a los que nos necesitan.

Isabella Castillo Madriñán

Co-fundadora Amaraún

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