Sintiendo el dolor del otro, somos más empáticos

Aunque no sea cercano, lo sentímos.

En el anterior blog que escribí, cerré invitándolos a volver las cifras de Colombia de maltrato infantil personales, para que, en el minuto en que nosotros como adultos tengamos el poder de hacer algo por cambiarlas no lo dudemos ni un segundo. Y esta fue mi primera invitación, porque cuando yo  lo hice, me duelen y la siento como si fueran propias, y por ende, cada minuto de mi vida, busco y pienso en la forma de cambiar la realidad que viven muchos niños, niñas y adolescentes en Colombia. Al hacerlo, entendí que, mi proyecto de vida tenía que ser darle la oportunidad de regalarle a cada niño, niña o familia, la posibilidad de ser más, de crecer más, de cumplir sueños, de salir de las adversidades.


Después de un largo discernimiento, entendí la importancia de, primero volver las cifras personales, y segundo, hacer todo lo que está en nuestro poder, asumiendo nuestra corresponsabilidad para erradicarlas, y de eso les quiero hablar hoy. Partamos de que, cualquier cosa, situación , persona que toca tus fibras más profundas, es por lo que más estas dispuesto hacer. Para mi, en Colombia, el problema es que en realidad la situación de los niños, niñas y adolescentes no nos toca nuestras fibras más profundas como ciudadanos, porque lo sentimos lejanos, siempre el maltrato infantil no pasa en casa, no conozco a nadie, lo que pasa en lo noticieros son casos aislados, y mis gritos, golpes, humillaciones a mis más cercanos no están ni cerca de ser maltrato infantil, o en el peor de los casos como no lo conozco no lo siento. Al tener, a muchos niños, niñas y adolescentes al frente mío, con sus ojos vidriosos por las situaciones que viven en casa, y simultáneo a entender la corresponsabilidad, mi vida cambio. Porque supe que no importa si no los conozco, o si los conocí y tuve la oportunidad de atenderlos y ayudarlos, o si nunca voy a saber su historia porque en cada informe que sale sobre maltrato infantil, cada caso, cada niño, niña y/o adolescente  toca mi fibra más profunda, siento el dolor de ellos, siento como en el peor de los casos se apaga su luz, y entonces, al sentirlo, empece a actuar como si fuera mi propia familia. Y ¿esto por qué pasa? Porque cuando el dolor nos toca de cerca buscamos la forma más rápida de actuar y de ayudar, cuando el dolor es lejano simplemente lo dejamos ir. 


Ahora, sabiendo que el dolor de cada niño, niña y adolescente es propio y es como si me pasara a mi y después de saber que son ellos quienes nos regalan la inocencia más real, las sonrisas que salen del alma, y nos entregan los miedos del corazón, supe que la injusticia más grande es que le quitemos, incluso siendo la familia, su esencia, sus ganas de vivir, sus ganas de aprender, de salir adelante porque nosotros como adultos no estamos en la capacidad de asumir la responsabilidad y el deber de ser cuidadores. Pero no son solo los cuidadores, también porque como ciudadanos perpetuamos la violencia como forma de criar, y nos reímos de estos chistes, y no validamos los sentimientos de los niños, niñas y adolescentes por ser exagerados, “porque a mi me pegaron más duro y estoy perfecto”, “porque agradezca que le hago pasito”. Y lo peor de todo es que, somos nosotros los adultos, seamos cuidadores, educadores, profesionales, los que no hacemos la tarea de la forma adecuada, y después nos quejamos por la deserción escolar, por las adiciones en los niños, niñas y adolescentes, por los comportamientos delictivos, por los embarazos adolescentes, en fin, por todos los problemas que vivimos actualmente. Pero… ¿saben qué es lo peor? O en realidad lo mejor,  que la respuesta esta en nuestras manos y es tan sencilla, esta en que nuestra forma de criar les dé la posibilidad a los niños, niñas y adolescente de ser MÁS y no de ser menos. 


Entonces, mi compromiso, y espero que el de ustedes también sea, desde la posición en la que estén, siempre se puede hacer algo, a volver las familias de Colombia las más amorosas, reales y consecuentes. Pero sobre todas estas cosas, prometámonos una niñez que no nos necesite porque, ya no habrá violencia en sus vidas, porque se sentirán amados por los que lo rodean, porque los cuidadores y profesionales entenderán que del castigo físico no se aprende y que del amor salen los mejores aprendizajes, porque seremos más cuidadosos, porque no habrá tanta necesidad, porque habrá educación de calidad para todos y desciframos que ahí estaba la respuesta, porque sabremos que las palabras hieren más de lo que creemos, porque supimos que les podemos hacer mucho daño, pero sobretodo porque como sociedad comprendimos que todos estamos en el deber de cuidarlos y protegerlos.


Ahora si, la invitación del día de hoy es a saber que asumir la corresponsabilidad y comprometerse a erradicar el maltrato infantil, inicia en el momento en el que nos volvamos más empáticos, y esto implica que no tenemos que tener de cerca los casos de maltrato para empezar a actuar. Y siempre, tengamos presente que,  para pensarnos en una niñez y juventud feliz debemos saber que en cada niño, niña y adolescente, está nuestro futuro, nuestro progreso y el país que soñamos.


Isabella Castillo Madriñán

Co-fundaora Amaraún

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