El arte de servir

Y el vivir de aprender.

Las personas queme conocen saben que me encanta llenar mi agenda de mil actividades, me encanta estar metida en todo y ayudar todo lo que pueda a las personas que me rodean oque lo necesitan. Desde muy pequeña me he esforzado por dar siempre lo mejor de mi y fue en medio de ese “querer ser más para servir mejor” que comencé a tener a una postura crítica frente a lo que implica ser voluntario.

 

En este camino del servicio he sido voluntaria de muchos programas en diferentes instituciones, he trabajado con población vulnerable de diferentes edades y diversos contextos muy lejanos de mi burbuja, pero lastimosamente, más reales que mi propia realidad. Así empecé a conocer personas completamente entregadas a dejar lo mejor de sí mismos y gozarse la experiencia como un proceso de aprendizaje, pero también he conocido quienes creen que el voluntariado es para sentirse mejor consigo mismos, remediar sus errores, incluso tomarse fotos con los niños y niñas o haciéndolo con la intención de salvar al menos favorecido.

 

Fue eso precisamente lo que me alejó completamente de buscar voluntariados, estaba cansada de ver la forma en que el servicio se había desdibujado y se hacía daño de manera inconsciente y egoísta a las poblaciones. Sé que mi crítica es muy fuerte y he entrado en varios debates los últimos años por eso, pues mi intención no ha sido nunca generalizar, pero sí dar cuenta que el servicio y el ser voluntario son un arte que va más allá de madrugar un sábado para compartir con la comunidad y se convierte en una filosofía de vida. Es así como considero necesario cambiar el chip y comprender que absolutamente TODOS los seres humanos tenemos algo para dar y enseñar, es así como el vivir en el servicio se centra precisamente en compartir nuestro conocimiento con otros sí, pero también implica aprender del otro, de su forma de vivir y afrontar la vida, dela manera en como han respondido a las circunstancias que los rodean y la capacidad de ser resilientes frente a eso. Es poder tomar todas aquellas cosas para enriquecernos, para ser autoreflexivos y, en conjunto, lograr las metas y objetivos que tiene esa población o comunidad a la que estamos apoyando.

 

Es necesario entonces erradicar completamente el esquema de que al ser privilegiados tenemos el poder y el conocimiento para solucionar y salvarle la vida a otra comunidad. Muchas veces ellos no necesitan ser salvados, sino que quieren es ser escuchados, tenidos en cuenta, apoyados, acompañados o incluso requieren herramientas que podemos brindar para materializar sus objetivos. Muchas veces caemos en el error de creer saber qué es lo que necesita el otro sin antes primero preguntar.

 

Es por eso por lo que el vivir en el servicio es un arte que requiere de la empatía, la humildad y aprendizaje constante del otro y de uno mismo. Solo dándonos cuenta de que cada ser humano es valioso y esta lleno de capacidades y enseñanzas por dar es que comprendemos la verdadera esencia del voluntariado, solo así podemos seguir construyendo un mundo para una niñez y juventud feliz.

Andrea Merchán Orejarena

Co-fundadora Amaraún

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