Educación Emocional

Son incompatibles la falta de educación emocional y las demandas actuales.

Si ganara $1000 pesos por cada vez que escucho a un adulto decir que la niñez, adolescencia y juventud de ahora es muy sensible, dramática y que en su época las personas eran más fuertes de carácter, seguramente sería millonaria. Lo más curioso de todo, es que esos mismos comentarios se los he escuchado a personas que presentan evidentes dificultades para gestionar apropiadamente sus emociones, responder de manera asertiva a los cambios y, en general, desenvolverse competentemente en la sociedad.

 

Y no quiero con esto afirmar que es que la población juvenil, adolescente e infantil esté respondiendo de manera apropiada al contexto, sino que, al contrario, hay una evidencia clara de incompatibilidad entre la falta de educación emocional y las demandas que tienen hoy en día los niños, niñas y adolescentes.

 

Se ha vuelto popular la frase de romper el ciclo del maltrato e iniciar un cambio en la crianza. La verdad es que hablar de EDUCACIÓN EMOCIONAL sigue siendo algo revolucionario en la educación colombiana, por lo que tenemos varias generaciones de cuidadores a quienes no se les enseñó nunca a gestionar apropiadamente sus emociones, adultos a quienes se les reprendía cuando lloraban, adultos que llevan dentro de sí mismos niños adoloridos, silenciados, bajo esquemas de crianza y educación en su mayoría autoritarios y tradicionales. ¿Qué le podemos pedir a estos cuidadores en términos de educación en competencias emocionales si ellos aún no las han fortalecido? ¿Cómo será la convivencia entre un cuidador que valora lo racional sobre lo emocional con los niños, niñas o adolescentes bajo su cuidado a quiénes les comienzan a enseñar la importancia de lo emocional?

 

Ni siquiera yo me considero la persona que maneja a la perfección sus estados emocionales, ha sido un proceso largo y aún así puede haber situaciones que me desbordan como a cualquier ser humano. Pero ser consciente de mis falencias en educación emocional me han permitido, poco a poco, realizar cambios que me han llevado a tener relaciones más sanas conmigo misma y con los demás. En todo este proceso aprendí que cada decisión que tomamos en el día a día está mediada por nuestras emociones, sentimientos y estados de ánimo entonces ¿Qué irá primero la emoción o la razón? ¿A qué debemos prestarle atención?

 

Una vez aprendí que hay que contemplar, buscar la calma y ahí sí escoger el camino a seguir. Hoy te invito a reconocer la importancia de la educación emocional como vía para pensarse una niñez y juventud feliz.

 

Andrea Merchán Orejarena

Co-fundadora Amaraún

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