Cambiemos lo incontrolable

Volvamos el daño consciente.

Últimamente he estado pensando en una pregunta que va y viene, y que me inquieta, ¿a cuántas personas le hacemos daño sin darnos cuenta? ¿El daño que hacemos será incontrolable? Puede ser por una palabra, una mirada, una actitud, una forma de responder o no hacerlo, que a la otra persona le genera daño, y el que lo hizo, no lo hizo intencionalmente, tal vez ni se dio cuenta y las posibilidades de que sepa son bajas, a menos de que la persona se lo diga, y por ende las opciones de cambiar y reconciliar el daño mínimas.

Entonces, empece a sentir que el daño que le hacemos a los demás, hablo del inconsciente, del que no lleva intención, es incontrolable, ¿Cómo podemos saber que le estamos haciendo daño al otro, sin que este lo comunique?  Tendemos a guardar las cosas, los sentimientos para no generar peleas o discusiones, o simplemente para no tener un espacio incómodo, dejando todo a la interpretación del otro. Lo que lleva a que generemos daño y permitamos que el otro nos genere este, al ser inconsciente, de forma incontrolable y no exista posibilidad de cambiar realidades, situaciones, y relaciones.

Y esto me llevo a pensar en el maltrato infantil, si, como siempre yo, pensando en como ponerle fin a esta problemática que me angustia tanto. Y encontré la relación, normalmente, los cuidadores que ejercen el maltrato infantil sobre sus niños, no lo hacen intencionalmente, es decir, la función principal no es generar daño y dolor, sino “aprendizaje”, al final los cuidadores hacen daño, sin reconocerlo, y cubriéndolo con la bandera de la educación, y así imposibilitando el cambio. Y si, me genera escalofrío pensarlo así, pero tiene todo el sentido, casi nadie, hace daño con intención, la mayoría de veces lo hacemos sin intención y esta cubierto por una bandera, sea la educación, la amistad, el trabajo.

Pero como siempre, necesitaba encontrar una solución, y la más fácil fue a el daño inconsciente entre adultos, el que a veces se vuelve cotidiano, tristemente. La solución es la comunicación, hablar cuando nos sentimos heridos, no en términos de pelea, mas bien en términos de reconciliación, pues así estamos dándole la posibilidad de cambiar, de perdonar. No nos quedamos con sentimientos guardados, pues como bien me lo dijeron una vez en el colegio, sentimiento no expresado se vuelve resentimiento, y puede volverse una bola de nieve sin fin.

Ahora, con el maltrato todo es más como complicado, pues hay una relación de poder, que esta llena de miedo. A diferencia de los niños, los adultos tenemos más posibilidades de actuar. Pero, como el daño inconsciente lo podemos volver consciente, la respuesta al final no es tan difícil: necesitamos más educación emocional para los cuidadores, la mayoría de veces el maltrato ocurre porque se sienten desbordados y sin herramientas. Necesitamos educación para acabar con mitos, para que no existan más excusas para justificarlo. Necesitamos ayudar a las familias a generar redes de apoyo fuertes que les permitan ejercen una crianza respetuosa. Y esto, lo que va a permitir es que el daño sin intención, se vuelva consciente y así podamos actuar para cambiarlo.

Pero mientras logramos esto, y la invitación del día de hoy es a que, lo niños, niñas y adolescentes maltratados sienten que tienen pocas posibilidades para salir del maltrato, cuando consiguen hablar, somos una luz, una esperanza de una mejor vida, una más feliz pero sobretodo la posibilidad de darle una segunda oportunidad a una familia. Por eso es que, como siempre hagamos todo lo que está en nuestraS manos cuando tengamos un caso de maltrato, seamos el camino para que una familia conozca y aplique una crianza basada en el amor.

Finalmente, respondí mi pregunta, si a veces el daño que ejercemos es inconsciente, pero eso no quiere decir que no podemos responsabilizarnos de nuestros actos, seamos todos los días más conscientes de nuestros gestos, nuestras palabras, nuestra forma de actuar, las herramientas que utilizamos para educar, si bien el daño inconsciente es incontrolable, las consecuencias en los demás son reales. Por lo que pensarnos un niñez y juventud feliz implica, al menos para mi, que nos volvamos conscientes de lo que hacemos y decimos y nos responsabilicemos de sus consecuencias, pero sobretodo que busquemos cada día ser mejores personas para todos los que nos rodean, y comencemos, como bien lo dijo Andrea con el perdón.

Isabella Castillo Madriñan

Co-fundadora Amaraún

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